¿DE QUÉ SE ALIMENTA MI PIEL?

Lo que daríamos todas por tener una piel impoluta, de las que salen en las revistas o la que conseguimos tras un filtro de nuestro teléfono móvil última generación….

Vivimos en un mudo donde la perfección y el estar estupendas en todo momento parece que tiene que ser nuestra prioridad de vida. Alejándonos de la realidad, de lo verdaderamente importante y lo que realmente nos hace felices. Alejándonos de conectar con nosotras mismas y con los demás.

Mi historia de amor-odio con la cosmética empieza ya de bien jovencita. Me encantaba pasearme por la sección de perfumería de los supermercados en busca de la crema perfecta para llevarme a casa ese día. Durante años, me he considerado una verdadera “potinguera”, acumulando productos en el cuarto de baño y buscando siempre las últimas novedades en cosmética para no perderme ninguna novedad. Por aquel entonces, yo debería tener una piel adolescente, capaz de hablar por sí sola, tersa, brillante y con un color siempre favorecedor. Vamos, que mejor no podía estar.

En aquella época pensaba  que cuantos más productos le echara a mi piel, mejor estaría. Cuanto más la limpiara, mejor aspecto tendría. Cuanto más tomara el sol en verano, más salud reflejaría.  Pero esa piel que yo creía perfecta de la que hablábamos antes nunca llegaba, siempre había un granito, una manchita, una rugosidad….algo que terminaba estropeando la piel de porcelana tan y tan ansiada.

Hace unos años, concretamente 4, a raíz de una situación familiar prolongada en el tiempo, mi piel empezó a experimentar cambios importantes. Por un lado estaba seca, muy seca y se descamaba con facilidad. Por el otro me salían granitos. Cada día, al despertarme, era una aventura descubrir que me esperaba encontrar en mi cara. Mi alimentación era correcta (por lo menos no había sufrido ningún cambio de unos años atrás hasta entonces) pero muchos otros factores hasta entonces dormidos, empezaron a despertarse.

 

Antes de seguir, vamos a conocer un poco como es nuestra piel y que funciones desempeña

La piel, nuestra conexión con el mundo exterior. Capaz de recibir, transmitir y alimentar nuestros sentidos. Se extiende por todo nuestro cuerpo en una superficie de casi dos metros cuadrados.

Además, la piel desarrolla las siguientes funciones:

  • Nos protege ante gérmenes patógenos, toxinas y alérgenos
  • Es nuestro climatizador corporal: regula la temperatura , nos defiende del calor excesivo, del frio y de la deshidratación
  • Conduce fluidos y secreciones hacia el exterior
  • Absorbe luz y la convierte en calor
  • A través de la piel, también entablamos contacto con otras personas
  • Es objeto de deseo

 

 

Estructura de la piel

A grandes rasgos, nuestra piel está compuesta por 3 capas, las cuales se organizan de la siguiente forma:

  • Epidermis: es la capa más externa. Su tarea más importante es la de defendernos de los intrusos del exterior, función que realiza gracias a la barrera cutánea. Aquí quedan reflejados todas nuestras experiencias, vivencias y paso de los años.

 

  • Dermis: Justamente por debajo de la epidermis, encontramos la dermis. Aporta resistencia y elasticidad a la piel. Es aquí donde encontramos el climatizador de piel y cuerpo.

 

  • Hipodermis: Es la capa más profunda. Está compuesta de tejido conjuntivo laxo y adiposo, lo cual le da funciones a la piel de regulación térmica y de movimiento a través del cuerpo. Es un tope blando que confiere a nuestro cuerpo curvas y contornos suaves. Aquí se encuentra el tejido graso subcutánea (aislante contra la congelación)

 

Se dice que la piel es el espejo del alma, sobre la cual se proyectan nuestras historias.  Si la miramos con detenimiento, la piel de una persona nos habla como si de un libro abierto se tratara. Penas y alegrías, miedos, excesos, mala alimentación, demasiado Sol…todo acaba reflejándose en nuestra piel.

Vemos pues que, además de conectarnos con el exterior y ser la cara visible de nuestro Ser, desempeña funciones importantes para el buen funcionamiento del organismo.

Debemos cuidarla y respetarla para asegurar así que estas tareas se desarrollan correctamente.

Y aunque lo más común es pensar que la cosmética es su alimento principal, la verdad es que muchos otros factores influyen en  su estado y son los que verdaderamente determinan su aspecto.

Hoy te quiero hablar de los más importantes (a mi modo de ver) para tener una piel, ya no perfecta porque cada vez más huyo de utilizar esta palabra, sino bonita y con un aspecto saludable.  Ya sea con un granito los días que estamos menstruando, con una manchita de aquellos tiempos en que abusábamos del sol o con las arrugas que inevitablemente el tiempo va marcando sobre nosotras. Sea como sea tu piel, ésta puede lucir e irradiar luz.

 

  1. El ritmo de vida: lamentablemente, hoy en día, las mujeres nos vemos sometidas a un nivel de estrés diario. Las prisas, los horarios, las obligaciones….Esto puede afectar de manera negativa a nuestra piel y acelerar su envejecimiento. De vez en cuando, debemos parar. Y cuando digo parar, me estoy refiriendo a bajar el ritmo. Si, ya sé que dicho así lo primero que pensamos es “¿y cómo quieres que baje el ritmo? ¡Eso es imposible! Pero no lo es. Con una buena consciencia, con tus prioridades sobre la mesa y una buena planificación y organización, podemos caminar a un paso más lento, sin dejar de lado las obligaciones (trabajo, hijos, casa…) y empezar ponerle más consciencia a la vida.

 

  1. Pensamientos positivos: nuestro estado de ánimo también acaba reflejándose en nuestra piel. Y si no, piénsalo. Cuando estamos relajados, en buena compañía, tomando algo en una terracita con los amigos…ese día seguramente no necesitemos maquillaje y probablemente la gente nos dice “¡que buena cara que haces hoy!”. En cambio, cuando un día discutimos con nuestro jefe, o con nuestra pareja, parece que ni todo el maquillaje del mundo pueda camuflar la mala cara que reflejamos. Así pues, busca estrategias para cambiar los pensamientos y empieza a pensar en positivo.

 

  1. Dormir correctamente: mientras estamos durmiendo, la piel aprovecha para reparar los daños que ha sufrido durante el día, cumpliendo así con sus funciones regenerativas.  Aquí no te voy a decir cuántas horas debes dormir, entre 7 y 9 horas es lo más habitual. Pero es verdad que cada una debemos escuchar a nuestro cuerpo y encontrar nuestro equilibrio.  Una buena ducha de agua caliente, un masaje con algún aceite, una velita….todos los días deberíamos cuidar el momento de irnos a la cama para tener un sueño verdaderamente reparador.

 

  1. Ejercicio físico moderado: practicar ejercicio de forma regular y moderada contribuye a estimular la circulación sanguínea y por lo tanto la llegada de nutrientes y de oxígeno a cada parte de nuestro cuerpo, también la piel. El sudor ayuda a eliminar toxinas, con lo que nuestra piel se verá, más limpia y con un color más saludable.

 

  1. Hidratación adecuada: Deber agua, ¡mucha agua! Como bien sabes, nuestro cuerpo está formado por un 75% de agua. Vamos a darle pues lo que necesita para que todos los órganos, incluida la piel, estén bien hidratados. Agua, infusiones, zumos, caldos, bebidas de frutos secos….hay muchas formas de hidratarse de forma saludable….y recuerda: no esperes a tener mucha sed. Es mejor hacerlo a intervalos y de forma progresiva que beber de golpe 2 litros de líquido.

 

  1. Alimentación real: la mejor de todas las cremas, y la mejor opción anti-envejecimiento. Proteínas, grasas saludables, hidratos de carbono, vitaminas, minerales, oligoelementos….Nuestra piel necesita también alimentarse de forma adecuada. Elige alimentos de verdead, reales, los que nos da la Madre Tierra, que es muy sabia y pone a nuestro alcance nada más y nada menos que todo lo que realmente necesitamos.  Evita los procesados, las harinas refinadas, el azúcar, el exceso de lácteos, el alcohol,  vigila las cocciones. Nutre a tu cuerpo y tu piel y esto se traducirá en belleza exterior.

 

  1. Cosmética y cuidados externos: con los años he aprendido que “menos es más”. No sirve de nada gastarnos medio sueldo en productos de belleza si luego no descansamos bien o no nos alimentamos de forma correcta. Apuesta siempre por productos naturales, ecológicos, respetuosos con nuestra piel. No la enmascares con maquillajes muy densos. Deja que tu piel respire y haga sus funciones de forma natural. En unos meses, notarás la diferencia. Si te sirve de consejo, actualmente mi única crema es ponerme cada noche un poco de aloe vera sobre la piel limpia (lavada solo con agua, nada de jabones agresivos que desequilibran y destruyen su protección natural). Tu bolsillo también lo va a notar.

 

  1. Vigilar con el Sol: El Sol, ese gran astro que nos da Luz y calor y que todos necesitamos. Esa energía y alegría que sentimos cuando sus rayos iluminan nuestro rostro. Antidepresivo por naturaleza y capaz de sacarnos una sonrisa en los momentos más difíciles. ¡A mí me encanta tomar el Sol! ¡Pero ojo! Debemos tener mucho cuidado a la hora exponernos a sus rayos y tomar todas las medidas necesarias (que siempre serán pocas), no solo para evitar arrugas y manchas, sino también para evitar enfermedades más graves como el cáncer. De jovencita me encantaba ver como mi piel iba cogiendo color a medida que pasaba el verano. Ahora, aunque me sigue gustando verme morenita, me protejo con gafas y sombrero cada día que piso la playa y uso un buen protector adecuado a mi tipo de piel. Ya no tengo como objetivo tostarme como un lagarto. Disfrutar del Sol con precaución hará que tu piel no envejezca antes de tiempo y evitarás así cualquier tipo de mancha. Además, como bien sabes, la piel tiene memoria y los problemas no salen de un día para otro. Seguramente, a los 40 años empiecen a reflejarse excesos de los 20.

 

  1. No fumar: el fumar, además de todos los problemas de salud que conlleva, también acelera el proceso de envejecimiento cutáneo. ¡Di adiós al tabaco y empieza a reflejar salud y belleza!

 

 

¿Has visto que no solamente de cremas y potingues se alimenta nuestra piel, verdad?

Como experiencia personal te diré que cuando haces el cambio hacia un consumo más responsable y equilibras cuerpo, mente y espíritu, tu piel empieza también a experimentar esos cambios. A veces cuesta más, otras veces menos, pero en unos meses los resultados son más que visibles.

Eso sí, ante cualquier duda que tengas, acude siempre a un especialista. Él es quien mejor te puede ayudar y recomendar lo más adecuado para tu caso en concreto.

¿Cómo cuidas tu piel? ¿Le das todo lo que verdaderamente necesita? Cuéntame

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